| TEXTOS DIGITALES |
Portada | Instituto | Estudiantes | Investigación | Extensión | Publicaciones | Textos Digitales | Fortaleciendo vínculos | Noticias |
|
- Reseñas
|
Artículos de prensa “El ocaso del héroe”
Arturo Prat, el “héroe puro” de Chile según Mario Góngora, y que mantiene su alto puesto en la imagen del chileno medio, también ha experimentado el asedio de los destructores de mitos. Esto no sólo por razones de sensibilidad política de nuestra historia, sino también por profundas reacciones culturales de gran parte del mundo moderno que resuenan en nuestras costas. La “muerte del héroe”, en el sentido de que ya no existen ni creemos en los héroes, es un tema que recorre la literatura del último siglo. Tiene que ver con aquello de la “crisis del sujeto”. No es sólo un problema de la alta cultura. Ocurrió de manera dramática con el héroe bélico tras la Primera Guerra Mundial, y luego le sigue el líder político. Su producto ha sido el antihéroe. Quizás su personaje más universal sea “K” de Franz Kafka. Una versión menos dramática pero no menos decidora es la Robert Musil y su personaje Ulrich. Este no confronta a una catástrofe que se hace inminente, sino que es un observador atento y agudo, pero incapaz de entregar una respuesta creativa, es el testigo de una decadencia caracterizada por la parálisis. El héroe de Thomas Mann, Hans Castorp, mantiene una clara indecisión hasta que es llamado a las filas sin tener mucha conciencia ni interés del por qué. Los personajes de estas tres grandes novelas del siglo protagonizan con visibilidad una experiencia central de esta época, el derrumbe del héroe bélico, mero anuncio de la crisis del liderazgo en la sociedad moderna. El desencanto con la guerra, tuvo una famosa expresión en “Sin novedad en el frente” de Erich Maria Remarque (1929). No es solamente esa violencia insensata aunque organizada que es la guerra, sino la podredumbre que rodea toda la maquinaria militar y civil que rodea a la guerra, lo que ha provocado esta marea de puesta en tela de juicio del héroe, que forma parte de la “destrucción de los ídolos”. La imagen del esfuerzo heroico experimentó una transformación, cuyo eje más visible ha sido el monumento a los muertos en la Guerra de Vietnam, en Washington. En vez de la exaltación del jefe, está el nombre de cada uno de los que perdieron sus vidas. Lo común es elevado a una categoría heroica, aunque sea por una causa que despierta nuestra duda, y quizás nuestra vergüenza. ¿Nos encaminamos hacia un mundo de iguales y de repudio a la guerra? No parece ser así, de ninguna manera. Podrá haber menos guerras entre estados. Sin embargo, el conflicto bélico empapa a grandes extensiones del planeta, para no hablar de la penetración del bandido moderno, las mafias, en la urbe de nuestra época. El dilema del oficio de las armas en defensa de la justicia y de la sociedad sigue tan presente ayer como hoy. ¿Ya no tenemos héroes? Lo que vemos es que la conciencia colectiva está encandilada por la farándula; los pequeños héroes del momento son deportistas carentes de nobleza, más bien protagonistas de la primivitización de la urbanidad. No hay tragedia en este antihéroe. Cuidemos a Arturo Prat, es un lujo para Chile. Es además un héroe complejo, tiene plenitud. No sólo al enfrentar el enemigo (que no era “malo”, pero este es otro problema), poniendo a su vida en la balanza, como es el requerimiento de su oficio. Caballero, cuidadoso de las formas con el enemigo antes del combate; hombre de cultivo espiritual; entregado a su familia sin contradicción con los intereses de la sociedad; su corta trayectoria dio ejemplo de civismo (“la espada sólo se rinde ante la ley”); amigo leal, no carecía de elocuencia templada. Porque nos parece de carne y hueso, puede sobrevivir a la crisis del héroe. Tenía sustancia.
** Joaquín Fermandois es profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Portada
© 1996-2007 Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica
de Chile |