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Artículos de prensa "Certifica
el doble estándar
El régimen de Castro, al igual que con la visita papal hace casi dos años, corre algunos riesgos con la celebración de la Cumbre Iberoamericana. Pero a diferencia de las declamaciones de principios políticos de esta última, las visitas papales tienen como fin primordial una misión pastoral. Si además tiene consecuencias políticas, como el caso de su visita a Polonia en 1979, eso es harina de otro costal. Para Juan Pablo II, la pregunta clave será ¿ayudó al desempeño del catolicismo en Cuba? En cambio, la retórica supone que las cumbres iberoamericanas tienen como uno de sus fines primordiales el propagar la democracia y el estado de derecho. Nada indica que esto sucederá en Cuba. Castro ha sabido sacarle el jugo a estas invitaciones, incluso con desaires a anfitriones y a otros invitados. En Chile anduvo con más cuidado; no era para menos, ya que en los '80 mandó armas para hacer imposible una salida democrática en el país austral. Aunque Cuba ha sido condenada -¡por primera vez!- en los '90 por la ONU, estos últimos años ha logrado por arte de malabarismo y de doble estándar internacional, irse librando progresivamente de ese (débil) dedo acusador. La cumbre iberoamericana es parte de un proceso por el cual el régimen castrista ha logrado tolerancia aunque no clara legitimidad internacional. Con todo, le basta la tolerancia en un paisaje en el cual lo único que puede hacer Castro es sobrevivir año a año, con alta probabilidad de morir en el poder. Otra cosa es que Cuba como país, como sociedad, quedará irremediablemente a la deriva, envuelta en la consigna engañosa de "patria o muerte"; así no encontrará las maneras de adaptarse a la evolución mundial. La Cumbre actual, monumento a la hipocresía, no hará mucho más que certificar el doble estándar que casi siempre ha favorecido al dictador cubano. (Entre paréntesis, efectuar una Cumbre todos los años, para tratar temas que sólo tendrían sentido en un foro académico, es un desperdicio de tiempo y de recursos). El Presidente Frei tomó una buena decisión al no asistir. Fuimos afortunados al ser apoyados en este punto por el Presidente Menem, y añadirse a la denuncia de la hipocresía algunos países centroamericanos. España y Portugal, que crearon la civilización iberoamericana, y nos legaron la dificultad para incorporarnos a la modernidad política, están claramente indiferentes con el hecho de apoyar con este acto a la dictadura castrista. Otra cosa es, naturalmente, que los países iberoamericanos -Chile incluido- no tienen por qué seguir las aguas caprichosas de la política norteamericana hacia Cuba, sino que deben diseñar un programa para ayudar a Cuba, como país, a enfrentar los cambios con los que puede sobrevivir en un panorama internacional tan cambiado. *Joaquín Fermandois es profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. **Artículo publicado en el diario La Tercera el 16/11/1999.
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