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Artículos de prensa

"Pinochet y su imagen histórica"

Cristián Gazmuri*

La última lucha que se da en torno a una figura se da en el mundo de los historiadores y de los lectores de la historia. Esto ha sido siempre así. Suetonio pintó a sus antecesores romanos, del siglo I después de Cristo, creando imágenes buenas o monstruosas (como las de César Augusto, Calígula, Tiberio o Nerón), las que se han transformado en leyendas imborrables, por más que la historiografía del presente tenga impresiones mucho más matizadas de estos personajes.

    También ha ocurrido lo mismo con figuras ciertamente  de menor vuelo histórico que los emperadores de la antigua Roma. Ha ocurrido en Chile, con personajes tan lejanos como la Quintrala, para algunos un monstruo, para otros una pobre mujer enferma.

    Cuando se llega al tiempo presente, la imágen histórica de los personajes -que ya empieza a formarse con mayor razón aparece muy cargada de emotividad. Ocurre con figuras ya desaparecidas, como los presidentes Allende y Frei Montalva, con políticos menores, intelectuales o artistas.

    En este contexto cabe preguntarse cuál va a ser la imagen histórica de Augusto Pinochet. De lo anteriormente dicho una cosa es segura, van a pasar siglos antes de que exista la posibilidad de un cierto acuerdo entre los historiadores sobre cuáles fueron y son sus cualidades y defectos, no sólo de su persona, sino también de su obra.

    Con todo, me atrevo a hacer una reflexión al respecto. En primer lugar, pienso que es preciso distinguir entre la que va a ser su imagen internacional y su omagen nacional.

    La sola lectura de la prensa mundial durante los meses en que ha estado en Londres no permite dudar que hay una amplia mayoría que piensa que fue un dictador brutal, culpable de numerosos y terribles crímenes. Incluso los que defienden su obra económica en Chile, que son muchos, no dejan de agregar, por lo general, que su acción en el plano de los derechos humanos es absolutamente condenable. A medida que se vayan conociendo más detalles de lo que fue su largo mandato, cuando se abran los archivos que hoy están cerrados para los investigadores, cuando muchos publiquen sus memorias, tengo la impresión que esa opinión tenderá a consolidarse.

    El espectacular juicio europeo (no sobre su culpabilidad, sino solamente sobre si goza o no de inmunidad diplomática) ha servido para que su imagen negativa en el mundo sea aún más conocida, aún entre personas muy jóvenes que no tenían una idea de él o la tenían muy vaga.

    En este sentido, el juicio a Pinochet va a ser mirado - en menor dimensión, pero de todos modos de manera importante- como una suerte de Juicio de Nuremberg y posiblemente se repetirá con otros dictadores que han sido acusados de la violación de derechos humanos. Se ha dicho repetidamente que uno de los más preocupados por la suerte de Pinochet es Fidel Castro. Se comprende que haya sido el dictador cubano uno de los primeros en declarar que le parecía dudoso jurídicamente que a Pinochet pudiera juzgársele en España.

    No faltarán los que defiendan a Pinochet, pero creo que serán una minoría pequeña.

    Diferente es el caso de la que, creo, será la imagen nacional de Augusto Pinochet. Creo que nadie pondrá en duda que ha sido una figura muy importante de la historia de Chile en el siglo XX, pero el acuerdo llegará sólo hasta ahí.

    Como ha ocurrido con todas las figuras que en su momento despertaron grandes pasiones, se le atacará y defenderá con saña durante varias décadas, y sus defensores serán -a diferencia de los que pienso que ocurrirá en el teatro mundial- muy numerosos. Esto es así porque hay grupos muy significativos de la sociedad chilena, como las Fuerzas Armadas, la derecha política y el empresariado, los que fueron beneficiados con su gobierno, comulgan con sus valores e ideas y piensas que sus faltas no fueron tan graves. Otro  sector de la opinión pública, la izquierda y la mayor parte del centro político, el mundo de los intelectuales en su mayoría y una gran masa de chilenos de toda condición, lo condenará sin apelaciones ni matices.

    La batalla será larga y dura. Cada grupo tiene sus historiadores y la ventaja que tienen los partidarios de Pinochet en materia de control de los medios de comunicación quizás se vea compensada por una opinión mayoritaria de los historiadores contrarios a Pinochet.

    Después el debate, quizás menos espectacular pero no menos fuerte y apasionado, seguirá en el mundo más reducido de las elites. Pero esto no me parece que ocurra sino varias décadas después de la muerte del general Pinochet.
 

*Cristián Gazmuri es profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile

**Artículo publicado en el diario La Tercera el 24/03/1999.



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