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Reseñas

"Nada que celebrar. Tanto que lamentar"

Cristián Gazmuri (ed.), El Chile del Centenario, los ensayistas de la crisis. Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2001, 340 págs.

Es costumbre asociar la época del Centenario con la fanfarria cívica de las celebraciones oficiales y el orgullo de una clase dirigente que percibía la historia republicana del país como una gesta familiar, cuyos grandes acontecimientos y personajes se entroncaban de manera casi invariable con sus árboles genealógicos, a cuya sombra parecían haber madurado los mejores frutos de la nación. Que ni la muerte del presidente Pedro Montt ni del vicepresidente poco antes de iniciarse las festividades trabasen el efectivo funcionamiento de la institucionalidad política y el tranquilo traspaso del poder supremo, daba la impresión de una república ejemplar, digna de su fama singular en el concierto latinoamericano, capaz de sobreponerse a los trances más difíciles merced a una madura conducción política, mérito de la elite tradicional en su conjunto, al margen de sus divisiones partidistas. Desde esta perspectiva, el Centenario se elevaba como una fecha radiante, inspiradora de un regocijo unánime. En buenas cuentas, nada de qué preocuparse, a no ser por el adecuado desarrollo del programa de actividades conmemorativas y el debido agasajo de las delegaciones extranjeras.

Esta imagen de apoteosis cívica protagonizada por la oligarquía discrepa radicalmente con lo expresado en los textos de crítica social reunidos por Cristián Gazmuri bajo el título El Chile del Centenario, los ensayistas de la crisis. Escritos en años anteriores o posteriores al Centenario, cuando no derechamente en 1910, y con la expresa intención de cuestionar los motivos de aquella celebración, ofrecen una visión sombría del país. Cabe decir que estos escritos, no obstante sus diferencias, ya fuesen ensayos, discursos, estudios con vocación de denuncia o cartas abiertas a mandatarios, coinciden en cierto tono admonitorio y de urgencia. Diría que son críticos más que fatalistas: aunque a veces asumen la voz del profeta que avizora la catástrofe, en general confían en la posibilidad de rectificar el curso, siempre y cuando se introduzcan reformas parciales o integrales. A contracorriente del discurso oficial, que, autocomplaciente, se deleitaba en señalar el progreso del país, mostraban que la salud del homenajeado era simple ilusión, pues bastaba con atender a la evidencia disponible a cualquier espíritu observador, para reconocer que la sociedad chilena padecía males sin cuento: crisis moral, decadencia económica, adormecimiento de los impulsos productivos, claudicación ante los intereses extranjeros, explosivas desigualdades sociales, signos de degeneración racial, grosera incompetencia de sus gobernantes y legisladores, ineficacia del sistema educacional...

A grandes rasgos, de estos autores puede decirse que son los voceros del malestar nacido de la irrealización de las promesas de progreso moral y material repetidas con unción por el pensamiento ilustrado, exponiendo con inusitada fuerza la vigencia de ese paradigma cristalizado en el siglo XIX. Resulta evidente el acierto de reunir estos textos, indispensables para el conocimiento del cambio de siglo y de esa mezcla de desaprensión e inquietud que hoy nos parece reveladora de la crisis del régimen parlamentario. Lo que sí, no se debe ignorar que los diez autores seleccionados sólo conforman una unidad cuando son retrospectivamente considerados. Fuera de su variada extracción social y sensibilidad política, de manifiesto en los esbozos biográficos que preceden los textos de cada autor, lo cierto es que en su época no formaron un conjunto coral sino voces aisladas, cuya importancia quizá radique en acercarnos a un período que, cuando es visto a través de sus ojos, adopta las cambiantes fisonomías de una realidad viva.


Manuel Vicuña
Universidad Finis Terrae

Revista Universitaria, Nº 75, marzo/mayo, 2002


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