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Artículos de prensa
 

"Rebeca Matte Bello, poemas esporádicos
La musa y el bisabuelo"

 

Isabel Cruz de Amenabar*


Cuando ella ya no habita en su villa de Fiésole, entre mármoles y enredaderas, sino en la blanca montaña de la mágica sanación, Davos, acompañando a su hija Lily Iñiguez, heredera de la musa de los Bello y de una oscura maldición llamada en el siglo XIX la peste blanca, Rebeca Matte potencia sus otros genes ilustres mantenidos en la sombra de las usuales misivas y fragmentos de diarios íntimos. Y silencia para siempre esos otros genes, los del bisabuelo imaginero, Juan José Messía, que se han impuesto, motivando una vida de ejercicio de la mano. Resulta imposible ascender allí con mármoles y bronces, para que la materia inicie su vuelo en la obra escultórica. 

Se hace presente una musa de duelo, catártica y entrecortada, como un eco del ocaso romántico. 

Si el dolor ha dado al alma y a la mano su impulso, lo da también a sus ejercicios poéticos. Dolor siempre presente por la ausencia de la madre extraviada desde el nacimiento de la escultora en los laberintos de una extraña e incapacitante dolencia mental y a cuyo deceso no puede asistir, preocupada de la salud de Lily; dolor por la muerte del padre, Augusto Matte, quien ha asumido por entero y con entereza ambos papeles; dolor por la enfermedad de su única hija, para quien la medicina de la época sólo cuenta aun con una esperanza milenaria, la de las virtudes curativas del aire; dolor, por la lejanía del marido, Pedro Felipe Iñiguez, retenido en Chile por sus labores políticas, y, también, por la muerte de la amiga entrañable que la ha llevado de vuelta al catolicismo. 

Tras el fallecimiento del padre, en Berlín, en 1913, comienza a madurar la idea de una tumba familiar en el Cementerio General cuyo símbolo sea el dolor. En 1922, la desaparición de la madre ausente la motiva a modelar en el mármol la figura de ensoñación y ensimismamiento, apoyada en el inconmovible muro de la muerte, a cuyo epitafio, al reverso, confía también la expresión de sus sentimientos: 

Fue mi madre un sueño [delicado,
Una luz prisionera de este [mundo

En tinieblas morales tan [fecundo

De bellezas funesto [destructor. 

El paso del tiempo, la caducidad y la vejez son motivos recurrentes en su obra escultórica, que encarna en sus ancianos, ásperos y endurecidos, reclusos en su invernal soliloquio, vertidos, modernizados y coloreados, en las estrofas de "El rey ciego", escrito en Davos, en 1925: 

(...) Cual manto de zafiros, [luminoso, 
Era el mar que esa tierra [requebraba 

Y otro manto mullido y [vaporoso 

sinfonía de flores le brindaba. 

(...) 

Allí viene el rey ciego, [lentamente, 
Explorando su bello paraíso. Un paje lo conduce diligente, Por alfombra de césped y [narciso

(...)

Mas en vano esa tierra sus [tesoros 
Le prodiga, de luces y [armonías, 

¡Ay! en vano el concierto de [los oros 

acaricia sus órbitas vacías. 

A través de las escasas estrofas conservadas, Rebeca Matte se muestra una romántica tardía, que recoge ecos simbolistas y ciertos sones del modernismo. El estudio de los títulos de su biblioteca indica que sus fuentes de inspiración son tan múltiples como temporalmente alejadas, pues van desde El Dante, Milton y Rostand hasta los decadentistas Carducci, Pascolli y Gabriele D'Annunzio - el cíclope poético de la Italia fascista, que la fascina como a Gabriela Mistral- pasando por Leopardi, los románticos ingleses - Woodsworth, Shelley, Keats- y franceses, en particular Musset, cuyo dolor del alma que resuena en "Noche de Octubre" parece haber hecho suyo. 

De la poesía americana sólo están Darío y Bello, con sus obras completas, incluyendo toda su poesía. 

Aunque en Rebeca Matte, la mano prima sobre la letra, sus ejercicios poéticos tienen un valor genético y testimonial que ella, conocedora de la génesis de la obra, no considera dignos de mostrar pero sí de conservar, alentada quizá por el verso del bisabuelo: 

Si ya no soy aquello que solía,
pues de la frente que la edad [despoja,

huye como el amor la poesía,

Puedo hablar a lo menos el [lenguaje

de la verdad que ni al pudor [sonroja

ni hacer procura a la razón [ultraje(...) 

 

Este artículo forma parte del libro sobre Rebeca Matte y su época, en preparación, y ha sido realizado en el marco del Proyecto 100575 de Conicyt.
 

*Isabel Cruz es profesora del Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile.

**Artículo publicado en El Mercurio el 08/06/2002.


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