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Reseñas

"La obra y la voz de una escultora"

Isabel Cruz de Amenábar, Lily Garafulic. Forma y signo en la escultura chilena contemporánea. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 2003, 297 págs.

«La atmósfera silenciosa, tenuemente empañada por el polvo, circunda las esculturas cubiertas con paños blancos sobre los pedestales. Lily lúcida, clava su mirada azul. Uno a uno, los mármoles han sido cuidadosamente envueltos, mediante otro ritual de sus manos incansables...». Con estas poéticas y sugerentes palabras comienza Isabel Cruz su libro Lily Garafulic. Forma y signo en la escultura chilena contemporánea. Y éste es el tono que reina a lo largo de su obra: un magistral uso del lenguaje, acorde a la naturaleza del problema que trabaja y de la persona que lo encarna: ideas, formas, signos, materiales y colores se van trenzando con la figura humana de la escultora y con la creación artística misma.

En el índice ya adivinamos la riqueza metodológica que Isabel Cruz nos aporta con su obra: al lector se le prometen diferentes miradas sobre la labor escultórica y una serie de elementos complementarios que hacen de ésta una obra completa. Todos los sentidos encontrarán: las reflexiones y el análisis que inauguran el libro apelan a nuestro intelecto y a entender la relación de Lily con la escultura de una forma novedosa, no lineal, como estamos acostumbrados a leer las biografías de artistas; nuestra vista siente asombro y serenidad frente a las fotografías de su escultura, y a la minuciosa y ordenada catalogación de ésta. Sus diarios de viaje y las conversaciones de Cruz con la artista apelan directamente a nuestra imaginación, entregándonos datos maravillosos para poder formarnos una imagen de esta creadora, mujer transgresora de las reglas sociales y de los convencionalismos de su época, artista seria y rigurosa en su quehacer, que se enamora del arte que la envuelve en cuerpo y alma.
Isabel Cruz propone estudiar a Lily Garafulic a través de los tres elementos básicos de la escultura: forma, materia e idea. Respecto de la primera coordenada, resulta fascinante ver la trayectoria de una artista que se va nutriendo de la contemporaneidad para producir su obra. Todo es motivo de inspiración, y la forma que resulta de ella se relaciona con sus fuentes, sus influencias: los clásicos, los textos bíblicos, las culturas precolombinas, la Isla de Pascua e, incluso, la llegada del hombre a la Luna. Finalmente, en la madurez de la vida y de su carrera, Garafulic termina incorporando e integrando todas sus fuentes de inspiración, en lo que Isabel Cruz genialmente denomina «multiculturalismo postmoderno».

El siguiente capítulo es también fascinante y nos hace reflexionar acerca de la relación de la tierra con el tacto, la mano, y la energía femenina para dominar la materia.

En la tercera sección de esta primera parte, dedicada a la idea, Isabel Cruz se dedica a estudiar la biblioteca personal de Lily Garafulic como una verdadera espía en busca de los secretos que den una clave para comprender el misterio de su mente creadora. Nos presenta a una artista lectora asidua de todo tipo de géneros literarios, iluminada especialmente por los textos bíblicos y la historia, los manuales de arte y biografías de artistas.

En cada una de estas subdivisiones que ha establecido la autora, se encarna ésta en su personaje estudiado. Isabel Cruz logra comprender y aprehender a la persona y a la artista alcanzando una empatía total. A veces olvidamos que es narradora y se convierte en una escultora más, que trabaja el texto, las imágenes y el análisis serio para crear un relato entretenido y sugerente.

Nos adentramos luego en los diálogos de Garafulic y Cruz, una conversación cotidiana entre dos mujeres talentosas. Iluminadores resultan los recuerdos de la Lily Garafulic croata, hija de inmigrantes instalados en Antofagasta que luego se trasladaron a Santiago. Ella cuenta detalles de una infancia normal, entre nueve hermanos que subían a los árboles y comían fruta verde, y una casa donde se leía y se fomentaba el desarrollo intelectual. Nos informa asimismo de su carácter fuerte y determinado, su formación en la Escuela de Bellas Artes y las personas influyentes en su trayectoria artística, como Luis Oyarzún y Lorenzo Domínguez. Un viaje a Europa previo a la Segunda Guerra Mundial le hace conocer a Constantin Brancusi, quien marca su vida: «[P]ara mí fue una especie de deslumbramiento».

Por último, la inclusión de las notas de viaje de la escultora son otro acierto. Además de cerrar el libro con apreciaciones explícitas de Garafulic, quien comparte su intimidad con el lector, su utilización como fuentes históricas y estilísticas serán de gran utilidad a futuros investigadores.
En conclusión, estamos frente a una joya, un libro que encanta por la elección del tema: Lily Garafulic, una mujer fuerte y talentosa que persigue su vocación y logra la excelencia. Un libro que embelesa, también, por el lenguaje seductor de una historiadora seria y creativa, que se atreve con metodologías nuevas y transmite su pasión por el arte.

Olaya Sanfuentes

Revista Universitaria, Nº 81, septiembre/noviembre, 2003.


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