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Reseñas

"Cronista de 'ciegos'. Imágenes de la Conquista y la Colonia:
¿Quién fue Guamán Poma de Ayala?"


Carlos González V., Hugo Rosati A. y Francisco Sánchez C. "Guamán Poma: testigo del mundo andino". LOM Ediciones y Centro de Investigaciones Diegos Barros Arana, 2003, 619 páginas.

La publicación por tres estudiosos chilenos de un análisis simbólico y antropológico de las famosas imágenes del cronista indio quechua, pone de relieve una de las obras más importantes para el conocimiento del pasado colonial americano.

Ya va siendo hora que sepamos de dónde vienen aquellos dibujos que solían ilustrar nuestros manuales de historia de América y de Chile, ilustraciones que ahora más que nunca vienen a nutrir el cúmulo de imágenes con que nuestros estudiantes se acercan a los temas americanos. Son los dibujos de Felipe Guamán Poma de Ayala, quien en su memorable obra Nueva Corónica y Buen Gobierno, se dirigió en 1615 al entonces rey de España, Felipe III, para dejar testimonio escrito de sus recuerdos, experiencias y conocimientos con el propósito de aportar en el proceso de preservación de la fe católica.

La obra de Guamán Poma es fundamental como fuente para estudiar nuestro continente. Se le puede ver como un ejemplo de lo que se ha venido a denominar "mestizaje artístico", término que utilizaba Leopoldo Castedo para catalogar a todas aquellas manifestaciones artísticas surgidas de nuestro continente en su proceso de aculturación. Efectivamente, el autor encarna esa simbiosis artística y cultural que se dio entre el mundo español y el indígena durante la Colonia. Y a pesar de que el indio trata de ser el vocero de su pueblo frente al rey de España, no puede olvidarse de su trasfondo cultural mixto.

Guamán Poma era un indio quechua de la zona de Huamanca (actual Ayacucho) y nació en alguna fecha entre los años 1530 y 1540 según algunos, en el seno de una importante y noble familia. En su crónica, Guamán Poma relata que fue su padre quien recibió a los españoles en Cajamarca, en calidad de emisario del Inca Huáscar.

Cuando Guamán Poma creció, se vio en la encrucijada de permanecer al margen de la sociedad colonial o integrarse a ella. Su obra es un testamento de su decisión en favor de esta última alternativa, la cual asumió en forma muy original: por un lado formó parte de la sociedad de su época, pero usó sus aptitudes de cronista y dibujante para criticarla y rebelarse en contra de ella. Utilizó su obra para quejarse, y lamentarse de los abusos cometidos por ciertos criollos en contra de los indios, para llorar el destino de su pueblo.

Hacia 1615, estando ya bastante pobre y envejecido, Guamán Poma se dirigió hacia la ciudad de Lima en busca de un aliado y de un intermediario que le ayudara a transportar los manuscritos de su obra a España, y, probablemente, alguien que le presentara la crónica al rey. No obstante, la obra desapareció y sólo se volvió a saber de ella en 1785, cuando fue catalogada como parte de la Biblioteca Nacional de Copenhagen. Lamentablemente, fue ignorada hasta 1909 en que Richard Pietschman se interesó en ella. Se imprimió en 1936. El manuscrito original se conserva en bastante buen estado, ya que el papel era de buena calidad.

Contra la idolatría

La obra realizada por nuestro cronista revela un esfuerzo de grandes dimensiones de su parte. Sus páginas y dibujos contienen un trasfondo ilustrado de conocimientos de geografía e historia. Entre sus fuentes estuvieron Bartolomé de Las Casas, Agustín de Zárate, Gonzalo Fernández de Oviedo y José de Acosta. También están presentes en su obra los postulados de Domingo de Santo Tomás y Luis Jerónimo de Oré, de quienes Guamán Poma toma la idea de que los hombres de los Andes habían desarrollado un entendimiento perfecto de Dios a través del "libro de la naturaleza", por lo que estaban culturalmente preparados para recibir y comprender el Cristianismo.

El manuscrito de Guamán Poma de Ayala es de un valor imponderable por la información que nos proporciona sobre la vida y cultura andina en un lenguaje original de mediados del siglo XVII en la América española. Es una larga historia del Perú que va desde la creación del mundo hasta los días del cronista, 1613, y se puede dividir básicamente en dos partes: la primera habla de la civilización andina y la segunda trata de la Conquista y Colonización.

Esa primera parte del manuscrito contiene un doble relato sobre las primeras épocas del hombre: hay un relato bíblico que habla de las generaciones de seres humanos, del crecimiento del mal en el mundo y los correspondientes castigos divinos durante las cuatro épocas anteriores a la venida de Jesucristo. Y luego viene un relato andino que, al contrario del anterior, enfatiza que durante estas cuatro épocas, hasta el advenimiento de los incas, los andinos tenían una religión pura y limpia, libre de idolatrías, insinuando que antes de la llegada de los españoles, los habitantes de los Andes rezaban y adoraban a Dios. La invasión hispana vendría a ser como un restablecimiento de la verdadera religión que se había perdido con los incas. En este contexto es que podemos entender la buena disposición de Guamán Poma frente a la campaña de exterminio de las idolatrías.

La segunda parte de la Nueva Corónica se refiere a la Conquista y al período colonial en el Perú, etapas que presenta como de suma crueldad y abusos por parte de los criollos. El importante número de ilustraciones que el cronista incluyó en su obra habla por sí solo de la importancia que éste atribuía al material visual. Explícitamente, decía el cronista, que incluía los dibujos para ayudar a los "ciegos", apuntando con ello a todos aquellos que no leían. En un mundo iletrado, donde los indios apenas hablaban el idioma de sus conquistadores, la imagen se convierte en el vehículo de comunicación colectiva. Y es aquí donde se aprecia su doble trasfondo cultural: por una parte, este tipo de representación visual coincide con su propia tradición cultural andina, en que la figura del quillqamayuc era la encargada de toda la información gráfica del imperio inca. Sin embargo, nuestro cronista incluye asimismo una serie de iconos de procedencia europea, tales como la virgen María, los santos, Jesucristo. En este sentido, el cronista indio puede también insertarse en la tradición occidental europea que vive el proceso de la Contrarreforma donde, el arte se convierte en una forma de educación y persuasión única, de valor incalculable.

Cómo ver los dibujos

Para el cronista quechua sus dibujos son la mejor forma, la más efectiva y didáctica que tiene para comunicar sus ideas a un público mixto, compuesto por indios, españoles y mestizos. La tradición oral se une a la escrita y traspasa las barreras culturales. Sin embargo, y es éste el punto más interesante e ingenioso de su obra, el cronista crea una forma en que pareciera hablar objetivamente a través del texto, mientras al mismo tiempo utiliza los dibujos para plasmar sus propias ideas, no siempre coincidentes con el discurso escrito. Un ejemplo de esta técnica es cuando Guamán Poma expresa alguna idea en forma condicional en el texto y, al mismo tiempo, lo declara firmemente a través del dibujo, consciente de que la imagen visual da su significado en forma imperativa y automática y no con argumentos. Este sistema lo deja inmune y protegido frente a eventuales amonestaciones. Esto lo podemos apreciar en ilustraciones como aquella que muestra a un corregidor y a un negro azotando a un indio desnudo. El texto que acompaña esta ilustración es bastante más sutil, ya que simplemente habla del enorme poder del corregidor. Guamán Poma está dando vuelta la ecuación europea en que el americano es el salvaje, bárbaro e incivilizado, "el otro", mostrando, a través de dibujos de fuerza expresiva, la crueldad y brutalidad de los métodos españoles de colonización. En sus dibujos, a diferencia de los realizados por europeos, el indio aparece siempre vestido y si eventualmente se presenta desnudo, es para mostrar su victimización en manos del europeo.

Otra importante característica de sus dibujos es lo que los estudiosos han denominado "el punto de vista interno", queriendo con esto significar que en ciertos dibujos el autor mira una variedad de elementos desde diferentes perspectivas y ángulos, pero luego expresa todas las perspectivas en forma simultánea. Es como si el ojo del ejecutante estuviera dentro de la esfera representada, como si Guamán Poma formara parte del mismo mundo que representa. Un ejemplo de este ejercicio lo encontramos en el dibujo de la "Primera historia de las reinas: Coyas"(figura 1), que muestra el retrato de mama Huaco, coya. En esta ilustración hay diversos aspectos que sugieren que el punto de vista del artista es interno a la escena que representa. La alfombra sobre la cual la reina está sentada, que puede ser apreciada en su totalidad por el espectador, sugiere que el artista la está mostrando como si él mismo estuviera parado sobre ella y mirando hacia abajo. Solamente desde aquella posición podría informar sobre las cuatro esquinas simultáneamente. Un segundo aspecto es la pequeñez relativa del enano, comparada con el tamaño bastante más crecido de las otras damas. Si el punto de vista del dibujo hubiese sido externo, el enano habría aparecido con la cabeza bastante más grande. Un tercer aspecto es el reflejo de la imagen de la reina en el espejo, el cual requiere de un observador móvil dentro de la escena.

Símbolos andinos

Quizás el aspecto más interesante en lo que se refiere a esta suerte de lealtad de nuestro cronista con su mundo indígena, es haber respetado los valores simbólicos del espacio andino en los dibujos de su obra.

Respecto a este tema mágico y muy interesante en términos antropológicos, hay que mencionar el enorme aporte que constituye el libro de Carlos Gonzáles, Hugo Rosati y Francisco Sánchez, "Guamán Poma. Testigo del mundo Andino".

Es ésta una obra colosal, ya que los autor realizan el ejercicio de revisar estos valores simbólicos en cada uno de los dibujos de la Nueva Crónica. Bajo las nomenclaturas de "lateralidad" y "verticalidad", los autores van explicando en forma prolija y didáctica la importancia relativa de unos elementos frente a otros en el mundo andino. Pero el ejercicio no es tan fácil como parece, ya que el autor de la Nueva Crónica define sus prioridades desde la página hacia el lector y no del lector hacia la página.

Veamos cómo funciona todo esto: el mundo andino posee una imagen cuatripartita del espacio. Una de las divisiones separa el espacio superior del inferior, teniendo el primero más importancia valórica que el segundo. Una segunda división distingue los lados derecho e izquierdo, siendo el primero el más importante. Sin embargo, cuando miramos un dibujo, lo que tenemos al frente es la derecha pictórica, la cual equivale a la izquierda conceptual y viceversa. Como dicen los autores del libro recién citado, debemos considerar estos dibujos como imágenes que dialogan con el lector para mostrar fuerzas que se oponen, tales como el bien y el mal; dioses y humanos; hombre y mujer; maestro y siervo.

Derecha e izquierda

Vamos entonces a experimentar este diálogo con algunas de las ilustraciones de Guamán Poma. En la lámina denominada "Crio Dios al Mundo. Entregó a Adán y a Eva" (figura 2), aparecen Dios, creador, y la primera pareja humana acompañados del sol, la luna y otros astros. Dios Padre aparece en el centro de la composición, mostrando, probablemente, su poder absoluto y mediador entre los opuestos. Sobre su cabeza, el halo triangular, tan característico de la iconografía cristiana medieval, sitúa a nuestro cronista indígena en la tradición contrarreformista. El sol y la luna están en un nivel superior, siendo el primero más importante que la luna por estar en la derecha conceptual del espacio andino. Adán y Eva aparecen arrodillados y desnudos, en un escenario que corresponde al paisaje andino. La ubicación del hombre y la mujer es crucial: Adán aparece a la izquierda de la composición, que corresponde a la derecha conceptual, y Eva, por el contrario, está en la izquierda conceptual, significando su inferioridad frente al género masculino.

Adentrándonos luego a la época de la conquista del Perú, en una lámina denominada "Pontifical, Pizarro, Almagro"(figura 3). . Aparecen representados, de pie, tres soldados españoles con vestimenta militar. Según los autores del reciente libro ya mencionado, el personaje del centro es un pregonero que toca simultáneamente un tambor y una flauta. En relación con los valores de lateralidad, Diego de Almagro ocupa el lado jerárquicamente superior "no por haber alcanzado un cargo superior al de Francisco Pizarro, sino porque tal vez no se lo hace responsable por los hechos acaecidos en el desbande de Cajamarca ni por la muerte del Inca". Esta categorización nos demuestra claramente la escala de valores indígena frente a la europea.

Una obra riquísima en información histórica y que nos regala la lectura indígena del proceso de la conquista y colonia hispanoamericana, la de Guamán Poma es de revisión obligada para todos a quienes les interesa la historia de la formación de nuestro continente mestizo.

Olaya Sanfuentes
Doctora C. en Historia

* Hugo Rosati es profesor del Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile.

** Artículo publicado por El Mercurio el 2/11/2003.


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