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Reseñas

Cristián Gazmuri, Tres hombres, tres obras. Vicuña Mackenna, Barros Arana, Edwards Vives. Editorial Sudamericana/Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2004, 163 págs.

Historiografía para no iniciados

El libro de Cristián Gazmuri, Tres hombres, tres obras. Vicuña Mackenna, Barros Arana y Edwards Vives, es una buena forma de entrar a la historiografía chilena clásica, principalmente si no se es especialista. Relata las vidas de tres de sus más destacados representantes, analizadas en una forma distendida y escogiendo para cada cual una de sus obras más representativas.

Los tres artículos que reúne el libro fueron escritos en distintas épocas y con fines disímiles. El de Vicuña Mackenna fue el prólogo de la hermosa reedición hecha por el Instituto de Historia de la Universidad Católica de una entretenida pero poco conocida obra de Vicuña: Historia de la jornada del 20 de abril de 1851; el de Barros Arana, fue publicado primero como el prólogo de Un decenio de la Historia de Chile (1841-1851), reeditado también por la misma institución; el de Edwards, finalmente, fue producto de una revisión que Gazmuri hiciera de un primer artículo, aparecido en 1976, sobre el autor y su máxima obra, La fronda aristocrática. No obstante, las tres publicaciones buscan realizar la historia más completa posible sobre la historiografía de nuestro país, por lo menos hasta la primera mitad del siglo XX.

El ensayo sobre Benjamín Vicuña Mackenna es el más dinámico y atractivo, no sólo por el carácter del personaje sino porque despierta en el autor una pluma más suelta y fluida. Es una buena síntesis de lo muchísimo que se ha escrito sobre una de las figuras más sorprendentes de la historia nacional. Gazmuri hace un original análisis de su personalidad y de cómo ella influyó en la mayoría de sus trabajos. A través de interpretaciones que mucho tienen de sicología, nos adentramos en sus cincuenta y cinco años de vida, que resaltan su prolífica producción literaria y su activa participación política. El personaje aristocrático y rebelde, cosmopolita y apegado a la tierra aparece con interesantes matices. En cuanto historiador, Gazmuri destaca la colorida y pintoresca narrativa de Vicuña, pero critica el que haya utilizado muchas veces su imaginación y su memoria afectiva antes que el rigor historiográfico. Así, muchas de sus obras estuvieron sujetas a las propias vivencias de Vicuña, cuestión que propició una visión más parcial _memoria_ que imparcial _historiografía_ del hecho histórico. Pero destaca su amplitud temática, situación que hizo que se adelantara varios años a lo que luego sería reconocido en todo el mundo como nueva historia. Gracias a esto, su metodología abarcó la historia política, económico-social, costumbrista (¿vida privada?), urbana e incluso la sicohistoria.

El caso de Barros Arana es iluminador si pretendemos adentrarnos en nuestra historiografía. Su ejemplo no puede ser estudiado únicamente por sus resultados intelectuales, sino que desde una mirada más amplia. Precisamente, esto es lo que hace Gazmuri, insertando al lector en una síntesis de los sucesos más importantes de la vida de Barros, para luego hacer una semblanza de sus principales trabajos.

En un comienzo, Barros Arana tuvo una vida totalmente distinta a la de Vicuña Mackenna. Aunque ambos terminaron por ser grandes liberales, Barros debió sufrir un sinfín de cambios en su personalidad antes de convertirse en un heredero pipiolo. Su educación, ligada a la Colonia, fue la que pesó en un primer momento en su vida, siendo un piadoso conservador hasta bien entrado el siglo XIX.

Barros Arana fue un impetuoso lector, además de un fiel seguidor de Andrés Bello. Su rígido método analítico estuvo siempre ligado a sus dictámenes. Como lo clarifica Gazmuri, Barros Arana utilizó únicamente la narración histórica apegada al documento y a los hechos, pues lo que buscaba era dar con la «verdad» de los acontecimientos. Gazmuri sostiene que su rigor le impidió una verdadera priorización de lo central y lo secundario, pero su minuciosidad ha dejado a la posteridad grandes obras. Su historiografía fue generalmente combativa contra el autoritarismo iniciado por Portales en 1830. No obstante, ello no lo cegó al momento de escribir el que es quizás el mejor estudio sobre el gobierno de Manuel Bulnes; ahí, fue justo cuando había que serlo y crítico cuando los hechos así lo requerían... En este caso, pesó más su preparación historiográfica que su memoria emotiva.

Si Barros Arana se diferencia en muchos aspectos de Vicuña Mackenna, el caso de Alberto Edwards Vives se distancia aún más. Debido a que este ensayista histórico, tal como lo clasifica Gazmuri, está cronológicamente más cerca de nuestra historiografía contemporánea, el autor dedica más espacio a analizar los trasfondos de su método que a las actuaciones en su vida pública y privada.

La fórmula seguida puede ser, en un principio, un poco árida, ya que Gazmuri dedica varios segmentos de su artículo a analizar la influencia de Oswald Spengler en La fronda aristocrática, lo que es un poco confuso si el lector no está inserto dentro de los conceptos que tanto el alemán como el chileno ocupaban en sus respectivas obras.

Muy interesantes son las razones que da Gazmuri para comprender la metodología de Edwards, como también su enorme influencia en lo que se ha conocido como historiografía conservadora o tradicional. El potencial conservadurismo de Edwards lo lleva a ver una completa «decadencia» en su tiempo y, por lo tanto, a buscar soluciones radicales, que incluso avalan el autoritarismo y la posterior dictadura de Carlos Ibáñez del Campo. Por ello, se esconde la intención ideológica detrás de La fronda... Su odio a la oligarquía santiaguina es evidente: la considera como la responsable de que el curso -o «sino»- de la historia de Chile se hubiera interrumpido.

Edwards parece ser mucho menos riguroso que sus pares anteriormente analizados. Mucho más ideologizado que Vicuña y Barros, don Alberto no duda en acomodar uno que otro concepto «spengleriano», para darle cabida dentro de su marco de interpretación. «La obra de Edwards», concluye Gazmuri, «parece como `flotar en el pensamiento de Spengler', moviendo a su ritmo, pero voluntaria o involuntariamente, guardando una ductilidad que trasciende la mera aplicación mecánica de las categorías del alemán. [...] Estas [las categorías spenglerianas] sirven más bien de inspiración que de modelo para su propia visión de la historia de Chile, la que se enriqueció por esa causa.» Quizás, en este ensayo la figura de Edwards se pierde en una minuciosa historia de las ideas, cuya relevancia no es evidente por sí misma.

El mayor mérito de este libro es reunir tres figuras claves de la historia intelectual chilena y presentarlos con cercanía a un público que más que nunca quiere saber de sus raíces sin necesidad de ser historiadores.

Sol Serrano
Juan Luis Ossa S.C.

* Sol Serrano es profesora del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Juan Luis Ossa es estudiante del mismo.

* Reseña Publicada en Revista Universitaria 85, Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


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