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Artículos de prensa

"La herida que atraviesa la Concertación"*

Sol Serrano**

La Concertación no tiene dos almas. Sus problemas no son sólo el desgaste natural de tantos años de gobierno o su falta de cambio generacional. Es eso, por cierto, pero es también algo más antiguo, algo que la recorre como una vertiente a veces visible a veces subterránea. Finalmente, es un problema que se afinca en la historia.

Muchos creyeron que la Concertación era y sólo sería una alianza electoral para derrocar al régimen militar. Algunos lo señalaban como un argumento retórico y otros lo creían sinceramente. Quizás hubo algunos desde dentro que también lo creyeron. Ese error quedó suficientemente demostrado.

Su carácter de coalición de gobierno se inició varios años antes de serlo, en los centros académicos y los debates ideológicos de la década de los 80, que le dieron contenido para ser más que una alianza electoral. Lo crucial, a mi juicio, fue que el mundo socialista −en un amplio sentido− hizo una crítica de fondo al marxismo y no sólo a las razones finalmente tácticas del fracaso de la Unidad Popular. Esa crítica, que era internacional pero que aquí adquiría consecuencias políticas inmediatas, era una crítica al marxismo como ciencia −de lo cual derivaba finalmente su carácter totalitario− y, como consecuencia de ello, una revaloración de la democracia en aquello que esa ideología había considerado sólo formal. Aquello, para usar la bella frase de Constant, de “la libertad de los modernos”. Esas libertades expresadas en el Estado de Derecho, cuya legitimidad deriva de la representación popular propia de la igualdad política, pasaban a tener un valor en sí mismas y no sólo instrumental.

La Democracia Cristiana, por su parte, tuvo que hacer ajustes ideológicos de menor envergadura, como revisar el sentido del socialismo comunitario y acercarse al modelo de economía social de mercado. Tuvo también que hacer una seria crítica de su estilo político, siempre levemente mesiánico, que le había hecho imposible construir mayorías para dar estabilidad a la democracia. Fueron esos acuerdos los que permitieron, a mi juicio, que la Concertación fuera efectivamente una coalición de gobierno.

Mirando la historia del siglo anterior, la Democracia Cristiana había compartido con el socialismo su desprecio por el liberalismo −especialmente económico−, de tan mala prensa en el período de entreguerra, donde ambos encuentran sus orígenes y su adhesión a un Estado social y a un concepto más orgánico y menos individual de pueblo. Los separaba una diferencia crucial sobre la valoración filosófica de la democracia como sistema político.
El período del régimen militar acercó esta diferencia, y, como una buena parte del socialismo venía de una tradición socialdemócrata, este acuerdo fue deslizado y sincero a la hora de gobernar.

Pero en ambas corrientes ideológicas hubo sectores que siguieron en su corazón adhiriendo al socialismo comunitario, representado en el Estado social más que en la sociedad civil, y un sector de la izquierda que no ha abandonado finalmente el concepto instrumentalista de la democracia, cuya conversión fue un poco forzada y epidérmica.

Al final, es el concepto de democracia lo que hoy divide a la Concertación y el corte es bastante transversal. Por eso el actual desorden, por eso su incomodidad, por eso su cierto encierro. Junto con escisiones, abandonos, descolgados, facciosos −como se habría dicho antiguamente−, vendrá también un ordenamiento que no es sólo táctico, electoral, generacional, sino profundamente ideológico en el más noble sentido del término. Es un debate de filosofía política. No todos creen en el componente liberal de la democracia, como tantos no creyeron en el componente democrático del liberalismo.

No es el tiempo de la disciplina. Es el tiempo de la verdad.

* Artículo publicado en Diario El Mercurio, Sábado 15 de noviembre de 2008. (http://blogs.elmercurio.com/revistasabado/2008/11/15/la-herida-que-atraviesa-la-con.asp).
** Sol Serrano es profesora del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.



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