1: Francisco Borghesi Sgoluppi nació en Sansepolcro, Toscana, Italia. Obtuvo el Doctorado en Letras, mención en Historia en la Universidad de Roma en el año 1955. Con posterioridad obtuvo nuevamente el grado de Doctor, esta vez en Filosofía, en la misma universidad italiana en el año 1973. Inmediatamente después realizó estudios de postdoctorado en Filosofía de la Historia, siempre en la misma casa de estudios, esto es, la Univesitá degli La Sapienza, Roma.
             Ha tenido una dilatada trayectoria como profesor en esta Universidad a partir del año 1955, desempeñándose en el Instituto de Filosofía entre 1955 y 1975. Fue su director entre 1970 y 1971. En 1956 se integró como profesor del Instituto de Historia, donde ha enseñado de manera ininterrumpida hasta nuestros días.
             Tiene el profesor Borghesi algunos artículos publicados en su especialidad, tales como Cultura y política en el primer siglo del Imperio romano y Aspectos económicos y sociales de la crisis de la República [romana].

              Por lo que respecta a la filosofía de la Historia, encontramos su Croce, de la filosofía a la historia, el Petrarca político, etc. Otros artículos, no clasificables en espacios estrictamente relacionados con una especialidad, tales como “Nicolo Machiavelli, secretario florentino” y “Sobre la teoría de la deshumanización del arte en Ortega y Gasset”, evidencian al igual que los otros una preparación prolija y un desarrollo muy cuidado.
             Hay entre los trabajos de profesor Francisco Borghesi un grupo de textos para la docencia universitaria que constituyen, como espero mostrar en las siguientes palabras, una muestra de lo que han sido sus grandes preocupaciones en la enseñanza de la historia, especialmente aquella de la antigüedad. Me refiero a los cinco volúmenes de la Colección de Fuentes para la historia de Grecia, que recopilan los textos desde la Grecia arcaica hasta aquellos escritos en tiempos de Alejandro. Se trata de una recopilación ordenada, introducida y anotada por largos años mediante un trabajo paciente y estrechamente relacionado con la docencia. En su origen nació de la necesidad de poner los escritos antiguos frente a los estudiantes para frente a los estudiantes para su conocimiento y análisis. Hoy se trata de una obra enorme, tanto por su extensión como utilidad. Demuestra un conocimiento muy acabado del tema por parte del antologador.

             Algo similar a lo anterior puede decirse de las selecciones de textos realizadas sobre la Polis y teoría política en Grecia (siglos VI al IV), El debate sobre la democracia en Atenas siglo V, y Aristóteles. La política, selección, introducción y notas de Francisco Borghesi.

             Estos trabajos, que han servido a varias promociones de estudiantes para el conocimiento de esa historia de los orígenes de nuestra sociedad, dicen relación con el hecho de que la docencia, con la sala de clases como su escenario, ha sido la gran preocupación del profesor Borghesi y, bien sabemos, que en este plano ha logrado la excelencia. Reconocido ampliamente por sus estudiantes, es un ejemplo para los demás profesores sobre la seriedad y dedicación a este quehacer. Y éste, me refiero al recién mencionado quehacer, sigue siendo central en la universidad.

             Me interesa de manera especial decodificar esto que llamo la excelencia docente de Francisco Borghesi, cuestión en la cual se que estamos todos de acuerdo. Ella proviene de su condición de estudioso, que quizás sea el término que lo explique de manera más profunda. Esto es, aquella persona que encuentra en el estudio un objetivo en sí, independiente de cualquier resultado posterior que este pueda arrojar. Ha sido fiel a esta vocación a través del tiempo, cultivando su gusto, interés y amplia curiosidad intelectual. Encarna, en este sentido, una de las figuras más tradicionales de la universidad, hoy día cuestionada por las exigencias de encontrar al estudio medios de concreción en los artículos, libros y docencia.

             Lo anterior tiene una manera específica de aparecer en la sala de clases frente a estudiantes que, pese a ser reprobados muchos de ellos, han valorado y valoran su enseñanza. Aparece un profesor inteligente que se centra sobre los aspectos importantes y los desarrolla de manera completa. Actualizado en sus conocimientos, productos de lecturas críticas de las últimas publicaciones. Con un desarrollado sentido de su oficio que lo hace preparar el trabajo con anticipada minuciosidad y cumplirlo de manera metódica.

             Si alguien mirase desde fuera esta reunión y escuchara mis palabras, podría hacerse la idea de estar asistiendo a una ceremonia más en las que se procede a la exaltación de una persona por el elogio excesivo. Por el contrario, he tratado de ser reflexivo y moderado al hablar de Francisco Borghesi, pero convengamos en que se trata de un profesor excepcional.

             ¿Cuál es el espacio que le ofrece la universidad actual a un profesor de estas características? Este tema está en discusión, y la tendencia general se orienta a estimular el trabajo de la investigación, creando para este efecto las escalas de evaluación a la cual todos debemos responder. No se trata de algo exclusivo y por tanto excluyente, pero si de una fuerza que sentimos y que está en sintonía con la idea de intelectual que ha forjado la sociedad contemporánea. La figura del estudioso, entonces, va quedando al margen y muchos jóvenes que sienten esta vocación, la dejan parcial o totalmente de lado.

             La discusión de este tema es importante y sigue siendo necesaria en nuestro ambiente académico. Me parece necesario promover una útil y sana diversificación en los institutos y escuelas. En ellos se puede buscar la convivencia de investigadores y estudiosos en el sentido clásico, bajo normas o reglamentos equitativos que no impliquen la supremacía de unos sobre otros.

             Si Francisco Borghesi representa la figura del estudioso en los términos específicos que señalado y al docente, Armando de Ramón encarna la imagen del investigador y formador de jóvenes. Sabemos muy bien que los conceptos no son absolutos. El profesor de Ramón ha sido un destacado docente desde que ingresó a esta Universidad en el año 1956 como profesor de la Facultad de Derecho, cosa que nos consta de manera muy directa desde el año 1970 cuando se incorporó con Jornada Completa al Instituto de Historia. En la sala de clases dio el primer impulso a la formación de muchos, completándola luego en los seminarios e investigaciones desarrolladas en los distintos archivos.

             Si como vemos, una y otra son dos caras de un mismo quehacer, con todo, la labor investigativa de De Ramón destaca por su vastedad. Los resultados circulan en doce libros publicados, la mayoría de ellos en condición de autor único, así como también en los casi ochenta artículos, monografías o ensayos, incluidos en revistas nacionales e internacionales. Sus trabajos comenzaron a aparecer cuando tenía veintiséis años. Tal es el caso de Descubrimiento de Chile y los compañeros de Almagro, editado por el Instituto de Investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Chile. También salió publicado su artículo “Santa Bárbara de la Reina: En torno al segundo centenario de Casablanca”, en el Boletín de la Academia de la Historia de dicho año. En nuestros días las publicaciones siguen preparándose y se encuentran en la imprenta los primeros volúmenes del Diccionario de Chilenos 1876-1973, que será editado por Ediciones Universidad Católica, y sobre el cual haré una referencia más adelante, así como un acuerdo inicial por realizar una segunda edición ampliada de la Imagen ambiental de Santiago con la misma casa editora.

             Entre el momento inicial y este actual, hay un trabajo ininterrumpido que tiene algunos hitos reconocidos por historiadores, estudiosos y público en general. Uno de ellos son Los orígenes de la vida económica chilena 1659-1808, publicado en coautoría con José Manuel Larraín. Esta obra, aparecida en 1982, es considerada como un aporte a un tema escasamente conocido antes de esta publicación. Junto a esto, corresponde destacar que se trata de una obra realizada a partir de un trabajo interdisciplinario entre la historia y la economía. Uno de sus autores, el propio Armando de Ramón, destaca este punto cuando se refiere a este libro y reconstruye la manera en que fue escrito.

             Todavía hoy se recuerdan en el Instituto los años que demoró este trabajo en realizarse y la verdadera obsesión de los autores por llevarlo adelante pese a las dificultades para encontrar la información y luego procesarla. Eran los tiempos en que estas tareas se abordaban con una calculadora de mano, lápiz grafito, papel, la decisión de los investigadores, ayudando bastante el perenne buen humor de José Manuel que provocaba las carcajadas de todos el segundo piso luego que había contado no se que cantidad de cordobanes.

             Otro hito lo constituyó la aparición de Santiago de Chile 1541-1991. Historia de una sociedad urbana. Este volumen, que forma parte de la colección Mapfre, aparecida en Madrid en 1992., ha sido considerado por el autor como su libro más querido y en el cual ha podido expresar mejor su visión de la sociedad de esta ciudad, con su crecimiento, momentos de grandeza, pero también aquellos violentos y destructivos. Es una obra escrita con tiempo, reescrita largamente antes de llegar a publicarse, por quien venía preparándola desde hace muchos años. El lector aprecia desde las primeras páginas estas características ya que lo atrapan y pasa por ellas sin poder detener la lectura. Aparecen allí explicadas muchas de las interrogantes que se hace un habitante atento de Santiago. En este libro, como en muchas de las publicaciones que Armando de Ramón ha hecho sobre este tema, se advierte que las características de Santiago tienen una larga extensión en el tiempo.

             Una revisión de la obra histórica de Armando de Ramón nos deja ver que las primeras publicaciones en que se advierten sus estudios sobre Santiago y su sociedad, datan de 1975, cuando apareció su La ciudad de Santiago entre 1650 y 1700. Ensayo de metodología para su estudio e interpretación. A esa obra inicial siguieron otros tres libros y siete artículos en revistas nacionales y extranjeras sobre el tema. Se entiende, entonces, que de alguna manera el autor estaba ya esbozando su Santiago de Chile…y que los múltiples resultados e ideas acumuladas a través de los años confluyeran en ese momento.

             La historia urbana, los orígenes de la vida económica chilena, la comprensión del presente a partir de una visión del pasado, tal como lo muestran sus numerosos artículos en la revista Mensaje., y las figuras individuales y su participación en los poderes públicos de la colonia y la república han sido, si es que se permita la clasificación, los grandes temas que emergen.

             Todavía podemos esperar mucho en estas líneas de trabajo de quien obtuviese el año recién pasado el Premio Nacional de Historia en una votación unánime del jurado y con pleno reconocimiento de la comunidad intelectual chilena.

             He mencionado hace un momento el Diccionario de Chilenos…conozco esa obra y me he compenetrado de ella por que nuestro Instituto ha transmitido a la Universidad la necesidad y conveniencia de su publicación. Se trata de un trabajo, y aquí el adjetivo da vida, monumental. Aparecen los integrantes del poder ejecutivo, judicial y legislativo a partir de 1876, abordándose sus referencias familiares, formación escolar y universitaria y todas las labores desarrolladas en el ejercicio de sus diversos cargos. Esta obra, junto a su valor por sí misma, servirá como fuente de múltiples investigaciones de variado tipo. Tendrá además el valor agregado de que los historiadores podrán trabajar tranquilos con los datos entregados por quien ha comprobado su seriedad y rigurosidad.

             La confección de este diccionario ha sido ideada, dirigida y trabajada por Armando de Ramón junto a un grupo de estudiantes, ayudantes y colaboradores. Basta revisar el causal de la información para entender que habría sido difícil hacerlo de otra manera.

             Nuevamente nos topamos entonces con el profesor y maestro que incorpora a otros en su trabajo y aprovecha esa instancia para formar en un oficio que requiere de talento, paciencia y dedicación. Quienes han recibido este beneficio son muchos y cada uno de ellos tendrá algo que decir, pero hemos pedido a María Elena Langdon, una destacada profesora en la actualidad, quien fuese su ayudante de investigación hace casi treinta años -tempus fugit- que rememore el trabajo y el impacto en su formación. Ella-quien se encuentra en México en este día-, dice “Cómo quisiera estar ahí celebrando tan merecido reconocimiento a una de las personas que marcó tan positivamente mi vida académica y profesional” y agrega: “Tengo tantos recuerdos de los muchos años que trabajamos juntos… cada momento que trabaje contigo lo llevo muy dentro de mí. Fuiste mi profesor, maestro y amigo, y nunca dejaras de serlo. Desde México brindo por ti y Emmita dando gracias a Dios por el privilegio de haberte conocido y trabajar contigo”.

             Igualmente estamos a la espera de la inminente aparición del tercer volumen y final de la Historia de América. Como señalan los otros dos autores, la concepción de la obra, así como los aportes metodológicos más significativos son de la responsabilidad de Armando de Ramón.

             III-. Intentaré en última parte destacar al menos dos puntos comunes que advierto entre quienes hoy reciben este grado honorífico de profesor emérito. Evitando el influjo excesivo de Plutarco, me parece que un primer punto lo encontramos en la curiosidad intelectual de ambos. Ninguno de los dos ha sido una persona que diga “esto no me interesa”, “esto no está dentro de mi competencia”. Francisco, siendo competente en las materias que imparte, ha cultivado con interés temas variados y desarrollado reflexiones interesantes. Armando de Ramón ha sido siempre una persona atenta a los temas de nuestro tiempo, tal como prueban sus estudios en Sociología, artículos en revistas de actualidad y la variedad de su producción histórica.

             Un segundo aspecto se relaciona con el cultivo del gusto y el sentido del oficio. Ya he señalado la dedicación del primero de los profesores distinguidos hoy día a la preparación de sus clases y la docencia, quisiera ahora agregar que el segundo ha sido un investigador constante y que no hay año en que no haya estado investigando y publicando trabajos. Son dos personas que no se han dejado estar, aspectos que sostiene en el tiempo con dedicación y voluntad en muchos momentos. Ellos, al menos es la impresión que tengo luego de haberlos observado, han cultivado con esmero su quehacer, llegando a una identificación profunda con él. En un Instituto, de mediana edad como ya ha llegado a ser el nuestro, estas figuras adquieren un carácter paradigmático, al mostrarnos como se hace nuestro trabajo, como se cuida este oficio. Se integran estos nombres a ese grupo de historiadores mayores que han sentado las bases del deber ser de un historiador universitario. Por suerte, al mirar a nuestro alrededor vemos un grupo de historiadoras e historiadores más jóvenes que están siguiendo este ejemplo y entregándonos una serie de publicaciones de alto interés.

Muchas gracias

Nicolás Cruz
Director del Instituto de Historia

(Reproducimos en esta ocasión las palabras que, Nicolás Cruz Director y profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, pronunciara con ocasión del otorgamiento del grado de Profesor Emérito a lo distinguidos académicos Francisco Borghesi y Armando de Ramón en mes de diciembre de 1998.)

 

 
 
 

IN MEMORIAM


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   - "Palabras de agradecimiento". Premio Nacional de Historia 1998, José Armando de Ramón Folch

   - "Reseña de la labor historiografía de Francisco Borghesi y Armando de Ramón:
perfil del estudioso y del historiador"

   - "Palabras del Decano René Millar en el funeral de Armando de Ramón"

   - "Reseña del libro Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días". Leonardo Mazzei de Grazia.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

  Armando de Ramón (1927 - 2004)

"Reseña de la labor historiográfica de
Francisco Borghesi y Armando de Ramón:
perfil del estudioso y del historiador"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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