
los
alumnos puedan insertar los acontecimientos más importantes ocurridos
en ella dentro de una concepción global que le dé sentido
al suceder histórico ocurrido en el transcurso del tiempo y también
a su proyecto de vida. No es fácil entender por qué, todavía,
aparecen en las universidades jóvenes con vocación para la
historia luego de estar sometidos a una instrucción tan deficiente
en esta materia.
Faltan
ideas, hipótesis y planteamientos que hagan claridad en el proceso
cronológico que ha tenido lugar en una región, en un país,
o en un continente o conjunto de países, y le den sentido al pasado,
animando al presente y permitiendo planificar mejor el futuro. Es corriente
toparse con falsas ideas o mediocres, cuando no interesadas, interpretaciones
que se ocupan en manipular un conjunto de datos para mostrar una visión
histórica que sirva al interés o al propósito del autor.
Por lo tanto, un conocimiento estático, acartonado y aburrido como
el que hoy se imparte, no sólo no sirve de nada al alumno, sino que
consigue relegar a la asignatura de historia a un rincón aislado
donde yace completamente desacreditada u olvidada.
A
modo de ejemplo me gustara reproducir aquí una idea que no ha sido
elaborada por el que habla, sino por un gran amigo mío, Alfredo Rubio
de Castarlenas, y que se encuentra inserta en la Carta de la Paz presentada
a las Naciones Unidas en 1993. Allí se dice que "los contemporáneos
no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla
razón de que no existíamos. ¿Por qué, pues,
debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos
ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?".
Ideas
tan importantes, claras y sencillas como la citada, suelen no tener lugar
en las aulas cuando se imparte la enseñanza de la historia y, por
el contrario, a veces se llega a inculcar expresiones de odio, rencor o
desprecio hacia los pueblos vecinos, en nuestro caso pueblos hermanos. Espero
que en la reforma educacional, a mi parecer la más importante que
se ha planteado en este siglo para Chile y que se encuentra en marcha, pueda
modificarse el método para enseñar la historia en beneficio
de nuestra patria y de la ciencia.
Estoy
seguro de que si estas ideas logran imponerse, mejorará muy pronto
la calidad de la enseñanza y de la investigación de nuestra
historia hasta recuperar el sitial que ella tuvo en otro tiempo.
Sin
más, gracias otra vez por todo este emocionante homenaje.
http://www.uchile.cl/instituto/anales/1998/doc4.html
(11-03-04)
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