Sr. Ministro de Educación, Sra. Directora de Bibliotecas, Archivos y Museos, Sr. presidente de Comisión de Cultura de la Honorable Cámara de Diputados, queridos amigos venidos para acompañarme en esta ocasión, señoras y señores.
            Concurro a este acto muy emocionado, a objeto de recibir el Premio Nacional de Historia, el que me fuera otorgado en este año 1998 por el jurado que se constituyó para este efecto, reconocimiento que agradezco vivamente.
            Agradezco también los aplausos que los presentes me han dedicado, aunque debo advertir que por lo menos la mitad de ellos deberán ser ofrecidos a Emita Acevedo, mi esposa, ya que sin su colaboración durante largos cuarenta años no habría podido realizar la obra por la cual las autoridades de mi país acaban de galardonarme.
            Quiero recordar aquí, también, la importancia que tiene un premio como el que me ha sido otorgado en un país donde el estudio de la historia se enseña estructurado en una forma que no permite una comprensión racional de lo que ha sido una nación como la nuestra.
 Ello impide que

los alumnos puedan insertar los acontecimientos más importantes ocurridos en ella dentro de una concepción global que le dé sentido al suceder histórico ocurrido en el transcurso del tiempo y también a su proyecto de vida. No es fácil entender por qué, todavía, aparecen en las universidades jóvenes con vocación para la historia luego de estar sometidos a una instrucción tan deficiente en esta materia.
 
            Faltan ideas, hipótesis y planteamientos que hagan claridad en el proceso cronológico que ha tenido lugar en una región, en un país, o en un continente o conjunto de países, y le den sentido al pasado, animando al presente y permitiendo planificar mejor el futuro. Es corriente toparse con falsas ideas o mediocres, cuando no interesadas, interpretaciones que se ocupan en manipular un conjunto de datos para mostrar una visión histórica que sirva al interés o al propósito del autor. Por lo tanto, un conocimiento estático, acartonado y aburrido como el que hoy se imparte, no sólo no sirve de nada al alumno, sino que consigue relegar a la asignatura de historia a un rincón aislado donde yace completamente desacreditada u olvidada.

            A modo de ejemplo me gustara reproducir aquí una idea que no ha sido elaborada por el que habla, sino por un gran amigo mío, Alfredo Rubio de Castarlenas, y que se encuentra inserta en la Carta de la Paz presentada a las Naciones Unidas en 1993. Allí se dice que "los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos. ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?".

            Ideas tan importantes, claras y sencillas como la citada, suelen no tener lugar en las aulas cuando se imparte la enseñanza de la historia y, por el contrario, a veces se llega a inculcar expresiones de odio, rencor o desprecio hacia los pueblos vecinos, en nuestro caso pueblos hermanos. Espero que en la reforma educacional, a mi parecer la más importante que se ha planteado en este siglo para Chile y que se encuentra en marcha, pueda modificarse el método para enseñar la historia en beneficio de nuestra patria y de la ciencia.

            Estoy seguro de que si estas ideas logran imponerse, mejorará muy pronto la calidad de la enseñanza y de la investigación de nuestra historia hasta recuperar el sitial que ella tuvo en otro tiempo.

            Sin más, gracias otra vez por todo este emocionante homenaje.

 

http://www.uchile.cl/instituto/anales/1998/doc4.html (11-03-04)

 

 

 
 
 

IN MEMORIAM


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   - "Palabras de agradecimiento". Premio Nacional de Historia 1998, José Armando de Ramón Folch

   - "Reseña de la labor historiografía de Francisco Borghesi y Armando de Ramón:
perfil del estudioso y del historiador"

   - "Palabras del Decano René Millar en el funeral de Armando de Ramón"

   - "Reseña del libro Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días". Leonardo Mazzei de Grazia.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

   Armando de Ramón (1927 - 2003)

"Palabras de agradecimiento".
Premio Nacional de Historia 1998,
José Armando de Ramón Folch.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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